El consumo de drogas en los adolescentes

Concepción desde el modelo médico- psicológico

Los trastornos por uso de sustancias adicctives adolescencia constituyen un problema de abordaje complejo, ya que son el resultado de la confluencia de muy diversos factores: algunos de carácter biomédico, otros de tipo psico-sociales y, finalmente, otros de tipo culturales o incluso evolutivos. Desde esta perspectiva, la presencia de una adicción o de un trastorno de abuso de sustancias en un adolescente es el resultado de un desarrollo patológico, a raíz del cual se generan dificultades de adaptación a los diferentes entornos y, donde en la su génesis, implican igualmente dificultades en la adaptación del sujeto a la realidad que lo rodea ya su propia realidad.

La presencia de una adicción conlleva el riesgo de asociar límites a la capacidad de adaptarse a diferentes áreas, todas ellas relevantes en la potencial resolución.

-Consumo: El consumo de drogas per se implica efectos directos en el equilibrio fisiológico del individuo, de mayor o menor entidad y / o gravedad en función de la sustancia y del patrón de consumo (cantidad, frecuencia). Por otra parte, todas las sustancias psicoactivas tienen en común el potencial de generar un hábito y, por tanto, una dependencia física y / o psíquica, circunstancias que por sí mismas constituyen un problema médico y psicológico.

-saludar Mental: El consumo abusivo de sustancias puede tener consecuencias graves para la salud mental. Igualmente, también, la presencia de patología psiquiátrica, como los trastornos de ansiedad, los de personalidad u otros trastornos asociados a dificultades de la regulación de emociones, predisponen y cronifican la presencia de problemas de abuso, a veces con presentaciones clínicas donde los síntomas clínicos no aparecen de forma clara en una impresión inicial, pero que inciden en la posibilidad de recuperación.

-Ámbitos Psico-sociales. Adaptación académica o laboral, la autonomía personal, la convivencia, la integración social, el desarrollo del potencial individual o, incluso, la presencia de problemas legales son, todos ellos, ámbitos de adaptación social que pueden verse afectados por la presencia de un consumo patológico de sustancias. Al mismo tiempo, todos ellos son ámbitos que, en caso de estar afectados, pueden promover la aparición de adicciones o contribuir a mantenerlas.

Por todas estas razones, el abordaje de un problema de consumo de sustancias debe considerar todas las posibles áreas influyentes o afectadas y buscar un modelo de intervención pluridisciplinar, donde las intervenciones médicas y psicológicas se unen con elementos socioeducativos.

 

Concepción desde el modelo educativo

Entendemos la función educativa como el eje vertebrador de la intervención con el adolescente, dado que la educación tiene por objetivo el desarrollo de la sociabilidad de la persona, el desarrollo integral de todas sus capacidades (Parcerisa, 1999). En otras palabras (Panchón 1998) el proceso educativo del joven debería responder al cambio personal y ello conllevaría:

  • Ser un recurso de promoción y realización integral de los individuos.
  • Ser una motivación para la conquista de un desarrollo autónomo.
  • Ser un instrumento que ayude al cambio social.
  • La intervención educativa se hará en base a:

-La libertad del / la joven a participar del espacio educativo.
-La responsabilidad del / la joven versus la culpabilidad, entendiendo que existen consecuencias de los actos y no castigos. Exigirá según las capacidades de cada uno / a haciendo al sujeto protagonista de su proceso personal.
-El potencial de aprendizaje. Se pondrá la mirada en las posibilidades y capacidades del individuo para paliar las áreas con carencias.
-El proceso educativo se entiende como un aprendizaje y no enseñanza. Entendemos que la persona sujeto de la intervención entra en un proceso de aprendizaje en el que adopta un rol activo en el que él es el protagonista de su proceso y decide qué quiere hacer, como lo quiere hacer ya dónde quiere llegar.

“Puede parecía una idea sutil pero no es lo mismo entrar en un aula pensando que allí están” las personas a las que enseñaré “, que las “personas que aprenderán” (M. Sorín, 1992).

El educador debe fomentar la creación del vínculo educativo como requisito imprescindible en el proceso educativo y de cambio. El vínculo educativo, los lazos invisibles que se crean en la relación educador-educando basados ​​en la confianza y el respeto mutuo, son imprescindibles para que la educación sea posible. Sin embargo, la figura del educador debe ser una figura de autoridad desde el punto de vista del respeto, de la coherencia en el discurso y de sus actitudes hacia el educando. No se trata de ser autoritario desde la obediencia y las posiciones de jerarquía, que promoverían otro tipo de educación con otro tipo de resultado, donde el educando tendría una posición mucho más pasiva y mucho menos participativa.

En este proceso educativo, de forma conjunta, el joven y el educador deberán trabajar sobre sus posibles intereses e intentar ponerlos en práctica desde una perspectiva socialmente admitida. Para que esto sea posible y que la persona se convierta en sujeto de la educación, es necesario que tenga tiempo y oportunidades para hacerlo. Y hay que tener en cuenta que cada persona necesita su tiempo para descubrir su interés y hacer su demanda. Teniendo en cuenta esto, se desarrollarán contenidos en la oferta educativa que responda al interés educativo del sujeto ya sus necesidades, que sean atractivos y con valor social (V. Núñez, 2010).

En el espacio educativo, el encuadre de la tarea (horarios, duración, normativa) es una herramienta imprescindible para que la educación sea posible. La claridad en este sentido facilita el trabajo que queremos llevar a cabo.

Los jóvenes que utilizan drogas y sufren situaciones problemáticas para con este acto requieren, desde nuestro punto de vista, de un abordaje desde la perspectiva de promoción de la salud. En esta línea, adaptándonos a las necesidades de los/las jóvenes, los enfocamos hacia el paradigma de la gestión de placeres y riesgos en todas las áreas en general y en el ámbito de las drogas en particular.

Desde este punto de partida se proporcionará la información lo más objetiva posible sobre los efectos a corto, medio y largo plazo, daños posibles y formas de evitarlos. Además, favorecerá la reflexión de la experiencia y tendrá especialmente en cuenta las actitudes y otros factores que influyen en la relación con las drogas.

Este es un tipo de enfoque hacia la intervención que es inclusivo, es decir, partir del respeto a las decisiones no significa exclusivamente acompañar en el consumo; el no consumo también es contempla como posibilidad. El trabajo con los / las jóvenes a partir de los costes-beneficios de las conductas pueden llevarnos también el trabajo para mantener la abstinencia. Lo más importante es que se hará desde una demanda real de la persona, y se trabajará siempre con el objetivo de ganar en calidad de vida y promover conductas y actitudes saludables.

 

Objetivo general del tratamiento

La variabilidad de los factores que pueden influir en la instauración de un patrón en el consumo de drogas es muy diversa. Por eso mismo la intervención del tratamiento se plantea desde una perspectiva global: la intervención con los menores o jóvenes y la intervención con sus familias y su entorno de referencia más cercano.

Así pues, el objetivo general del tratamiento es contribuir al desarrollo personal y social de los menores, disponiendo de un espacio para atender e intervenir de forma especializada la problemática de drogodependencia, implicando a la familia en su proceso, articulando este servicio con otros centros y entidades para poder llevar a cabo un trabajo interdisciplinar.

Este espacio terapéutico:

– Debe responder a las necesidades de la persona en función de la valoración de los dificultades identificadas.

– Ha de conseguir el mayor grado de integración posible dentro del propio espacio vital de la persona, con el fin de ayudar a obtener “el cambio dentro del cambio”.

 

Objetivos específicos del tratamiento

Objetivos con los jóvenes / menores:

  • Potenciar la estructuración y el desarrollo de la personalidad y la autonomía de los adolescentes, así como su socialización.
  • Aprender diferentes recursos para ser menos vulnerables ante la oferta de drogas, creando un espacio lúdico donde se estimulen y se potencien aspectos como la imaginación, la creatividad, la estructuración del pensamiento, la adquisición de nuevas experiencias, etc.
  • Adquirir habilidades y herramientas para desarrollar el autocontrol emocional, aprendiendo a detectar situaciones de riesgo y conductas de riesgo y reducir la posibilidad de un consumo progresivo.
    Reforzar los procesos de aprendizaje básicos positivos adquiridos previamente (en casa, la escuela, familia, otros centros, etc), y potenciar la adquisición de hábitos higiénicos, alimenticios y de cuidado personal.
  • Compensar déficits socioeducativos, generando un marco de relación que potencie toda una serie de hábitos para prevenir e intervenir en situaciones de riesgo social y / o de exclusión.
  • Incrementar el nivel de motivación hacia el tratamiento, y mejorar la sensibilización y concienciación respecto al consumo de drogas.
  • Aprender a integrar estilos de vida saludables, dando al adolescente un modelo vivencial normalizado y establecimiento de grupos de relación positivos.
  • Adquisición de una visión motivadora de la escuela / instituto / formación por parte del menor.
  • Hacer sentir partícipes a las familias, para que se impliquen en el proceso en la medida de lo posible.

 

Objetivos con las familias

  • Facilitar y potenciar las vías de comunicación entre padres e hijos, identificando el estilo comunicativo (agresivo, pasivo, asertivo) y dando pautas para una mejora de esta comunicación.
  • Hacer llegar la información adecuada respecto a las drogas, evitando prejuicios y dramatismos.
  • Dar un asesoramiento educativo en relación a las carencias de los niños.
  • A partir del trabajo con la familia, detectar nuevas necesidades y nuevos factores de riesgo, tanto del chico / a como de la familia.

 

Metodología

Las directrices teóricas y los objetivos expuestos construyen un ideario que requiere de una metodología concreta que defina el modo de poder llevar a cabo la acción educativa con el joven.

La metodología de trabajo con los adolescentes se estructura en base a los siguientes aspectos:

  • Participativa
  •  Trabajo en base a las motivaciones individuales
  • Respeto por los tiempos del joven
  • Creación y / o construcción conjunto de un espacio donde poder ser y estar, donde poder compartir y aprender.
  • Intervención grupal e individual donde el joven pueda reflexionar para poder tomar decisiones saludables.
  • La intervención educativa precisa de un constante proceso de análisis y reflexión sobre la praxis cotidiana, es por este motivo que creemos imprescindible trabajar desde la multidisciplinariedad teniendo en cuenta una perspectiva Bio-Psico-Social.

Entendemos la perspectiva bio-psico-social como un modelo de intervención con que se tendrán en cuenta aquellos factores biológicos, psicológicos y sociales que intervienen en el desarrollo y bienestar del joven.

Para poder trabajar en base estos parámetros se calendarizado reuniones semanales para el equipo educativo y quincenales por el equipo multidisciplinar para poder profundizar en el estudio de casos concretos; adjudicar referentes a los jóvenes; revisar y evaluar el funcionamiento del centro, tomar decisiones sobre los posibles conflictos surgidos; recoger las impresiones de los profesionales en sus actuaciones;