Ir al psicólogo o al psicoanalista cuando las cosas no van bien, supone el primer paso para el cambio. Muchas personas sienten la necesidad de hablar cuando pasan por un mal momento, eso se debe a que el uso de la palabra tiene efectos terapéuticos sobre el que habla. Esto no se produce únicamente en el contexto de una psicoterapia, sino que puede darse en cualquier otra situación, por ejemplo, entre dos amigos. ¿Pero entonces qué diferencia hay entre hablar con un amigo o hablar con un psicólogo? Bien, a continuación vamos a detallar algunas diferencias:

  1. El psicólogo o psicoanalista es alguien “externo” al problema, lo que le permite mantener una posición óptima y orientarse por la singularidad de cada persona y no por sus propias emociones y expectativas.
  2. El psicólogo o psicoanalista no juzga. Ésta es una condición para que se establezca una relación de confianza y la persona pueda hablar de eso que de entrada le resulta difícil.
  3. El buen psicólogo o el psicoanalista ha tenido una formación rigurosa que no solo se compone de un marco teórico sino también de la propia experiencia. A nuestro entender el buen profesional, primero tendría que haber pasado por la experiencia de un análisis personal, porque eso es lo que justamente le va a permitir cumplir con los dos puntos anteriores.
  4. Ir al psicólogo o al psicoanalista tiene un coste. El precio por sesión es fundamental para que la terapia funcione, porque implica que para cambiar hay que estar dispuesto a perder algo. Además refuerza el compromiso y la idea de que el psicólogo no es un amigo y que por lo tanto hay que tomarse las sesiones en serio.
  5. Una escucha diferente. Un amigo puede hacer que uno se desahogue o incluso puede dar algún buen consejo. Pero el trabajo de un psicólogo o un psicoanalista va mucho más allá, ya que la interpretación analítica apunta a lo que hay detrás de las palabras, haciendo que la persona pueda tomar consciencia de cosas que antes permanecían inconscientes. Este efecto, no es sólo terapéutico sino que permite que la persona pueda cambiar de posición en la vida, es decir, es una intervención que permite a la persona cambios más profundos que el simple alivio de la angustia.
  6. Hay un secreto profesional. La confidencialidad en la sesiones facilita que la persona pueda hablar con libertad, con la tranquilidad de saber que lo dicho en sesión no saldrá del despacho.

En Psicoclínica Barcelona tenemos claro que ir al psicólogo o al psicoanalista es muy diferente a hablar con un amigo. La decisión de cuándo ir al psicólogo es algo muy personal, pero en el fondo uno sabe que hay cosas que no van a cambiar con el simple hecho de dejar pasar el tiempo. La psicoterapia o el psicoanálisis puede cambiar la vida a una persona, hacerla más libre y satisfactoria, puede devolver a la persona la capacidad de amar, de trabajar… Para ello es necesario una decisión inicial, un acto: coger el teléfono y llamar.