La diferencia entre ser un hombre o ser una mujer no está en los genitales, sino que es una posición subjetiva que cada uno adopta en torno a su deseo y su identidad. El psicoanálisis sostiene que la identidad sexual no viene determinada por la naturaleza biológica y añade que ser hombre o ser mujer tiene que ver con la posición que el sujeto mantiene en relación a un determinado significante que determinará el deseo y el goce del sujeto. Dicho de otra manera, no podemos abordar la cuestión de la identidad sexual si no es por la vía de los efectos del lenguaje en el cuerpo.

El concepto de género, que se impulsa desde las ciencias sociales viene a señalar la influencia de la cultura en la identificación a los roles hombre /mujer, alejándose de las categorías macho/hembra del sexo.

El término trans viene a dar cabida a aquellas personas que no se identifican con su sexo biológico y que no pueden considerarse transexuales porque no se han sometido a intervención médica o simplemente porque no quieren verse sometidos a la clasificación binaria bajo la lógica biológica.

Las personas trans no se identifican el sexo con el que nacieron. Se trata de una certeza que les llevará a orientar su vida hasta conseguir que el Otro (escuela, administración, familia…) les reconozca teniendo en cuenta su identidad y no su genitalidad. Apoyados en la certeza de su ser, pueden hacer que su reivindicación se convierta en el centro de sus vidas.

En los últimos años, estamos viendo la aparición de nuevos conceptos que dan cuenta de las diversas formas de identidad sexual, muchas de ellas bajo el paraguas del fenómeno queer, que hacen imposible deducir el género de la persona.

Estos nuevos significantes están calando en la sociedad y circulan ya entre los programas de TV, las páginas de contactos… y especialmente entre los más jóvenes, ya que es durante la infancia y la adolescencia que que se establece la identidad sexual. Cada vez existen más casos de niños que manifiestan, a edades muy tempranas, sentir un rechazo hacia su sexo biológico y una necesidad imperiosa por ser reconocidos por el Otro a través su verdadera identidad. Los padres, las escuelas, los servicios médicos y jurídicos están atendiendo estas demandas del niño y actuando en consecuencia a través de actos que serán definitivos. Un ejemplo de ello son las intervenciones médicas dirigidas a modificar el curso natural del organismo del niño para hacer converger la el desarrollo biológico con la identidad sexual y así evitar el sufrimiento del menor y de su familia.

Ciertamente hay que celebrar la buena acogida que están teniendo estos casos desde las instituciones, que cada vez se muestran más tolerantes ante estos temas tan delicados. No obstante, no queremos dejar de decir que hay que ser prudente cuando un niño o una niña manifiesta algo de este orden, ya que la identidad y la sexualidad son asuntos  verdaderamente complejos y necesitan de unos tiempos lógicos de  ver,  comprender y concluir. Tres tiempos que se reparten a lo largo de dos etapas: la infancia y la adolescencia y que por lo tanto conviene no precipitarse con soluciones definitivas sin antes haber dejado un tiempo para la elaboración subjetiva.