La patología dual es el término que utiliza la psiquiatría en España para referirse a la persona que sufre de una adicción y otro trastorno mental. Esta primera definición ya es controvertida en cierto modo. Un adicto a la nicotina diagnosticado de una fobia a las arañas, es un caso de patología dual, al igual que lo es un paciente esquizofrénico adicto a la heroína. Como se entenderá no es solo una cuestión de “grado de patología” sino que estamos ante un término que atrapa a la gran mayoría de pacientes que acuden a nuestras consultas con la demanda de un tratamiento para la adicción.

Es frecuente en el discurso científico tratar de dilucidar qué es primero si la adicción o la patología. Sabemos que existen adictos que con el consumo de drogas han desencadenado una patología que hasta entonces no se había manifestado y del mismo modo, vemos con la misma frecuencia, pacientes que usan la droga como una manera de paliar cierta sintomatología de base. Este no sólo es un debate teórico, se trata de un problema clínico que determinará la mirada terapéutica y que tendrá su trascendencia a la hora de orientar el tipo de tratamiento.

Establecer la patología dual como categoría diagnóstica ha permitido volver a aunar el campo de las toxicomanías con el de salud mental. Durante años, los dispositivos asistenciales de estos dos ámbitos, se separaron creando unidades específicas y diferenciadas de atención a las drogodependencias, por un lado, y de salud mental por el otro. Fue un intento por dividir lo indivisible. La estela de consecuencias producidas por esa ciega gestión aún está presente hoy en día.

 

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