Los tiempos han cambiado, el estigma social que representaba el divorcio ya es historia. Somos individuos aparentemente más libres y en la actualidad solo estamos en disposición de mantener una relación si nos sentimos realmente enamorados. ¿Pero qué quiere decir estar enamorado? ¿Qué amor es el que anhelamos? son algunas de las preguntas que sólo pueden encontrar respuesta en el marco del deseo inconsciente que nos habita, un deseo que es lo más singular de uno mismo. Preguntas que no se pueden desligar de nuestra propia historia como sujetos, de nuestros vínculos primordiales, de nuestra novela familiar, de nuestros síntomas, nuestros traumas, nuestros ideales, nuestros padres… Estamos marcados por nuestra historia y por la representación psíquica que hemos hecho de ella, un saber que se guarda en el inconsciente y que determinará nuestra manera de amar.

El amor no puede pensarse por fuera de la cultura y del lenguaje. Cada cultura, cada época histórica tiene sus representaciones ligadas a la idea del amor. Los hombres y las mujeres de hoy sueñan con un amor que cumpla las expectativas creadas por la sociedad de la insatisfacción, la cual no deja de recordarnos que la felicidad no solo es posible sino que es obligatoria. ¡Hay una media naranja ahí fuera esperándote!. En ese contexto no es de extrañar que la angustia y la culpabilidad invada a las personas que experimentan una realidad muy diferente en sus vidas.

¿Cómo puede sobrevivir la pareja en el discurso de la individualidad? La realidad es que nuestros amores no superan el escollo de la insatisfacción porque son tan evanescentes como la fragancia de los perfumes baratos. Eso no quiere decir que no estemos necesitados de amor, ni que seamos inmunes a los efectos del amor, más bien todo lo contrario. “Si ella/él no me colma es porque no es la persona que merezco, entonces mi media naranja sigue ahí fuera esperándome…”. Ese amor idealizado es un mito de nuestro tiempo que nada tiene que ver con el ideal del amor cortés, en el cual el caballero estaba enamorado del amor y encumbraba a la dama haciéndola inaccesible para él, de este modo encontraba la clave para mantener vivo su deseo. Nuestros caballeros de hoy no quieren saber nada del deseo porque desear conlleva el displacer propio de la falta. Colmar la falta es el ideal del discurso capitalista, que siempre aspira a la abundancia y a satisfacer la necesidad antes de que aparezca el deseo.

Muchos de nuestros pacientes se quejan porque sus relaciones sentimentales no van bien y es por eso que deciden a iniciar una Terapia de pareja. Poder amar o dejarse amar no está al alcance de cualquiera, ya hemos visto que se necesita de unas condiciones para que eso se pueda dar. En Terapia de pareja hay una máxima: “querer no es poder”, querer es necesario pero no es suficiente.