Se ha escrito y polemizado muchísimo sobre este constructo, ya sea por sus criterios a la hora de ser elevado a la categoría de diagnóstico en los manuales de psiquiatría, como por sus diversos y diferentes abordajes a la hora de tratarlo. No entraremos a discutir en esta breve reseña si existe o no existe como tal, pero sí en cambio, podemos aclarar algunos puntos:

  1. Niños que no paran, inquietos y desatentos los ha habido y los habrá siempre, pero hoy más que nunca exigimos inmediatez en todo lo que nos rodea, y mostramos impaciencia y prisa hasta para asuntos que son incompatibles con lo inmediato, por ejemplo, todo lo relacionado con lo humano y los tiempos que requiere nuestra psique y nuestra mente para ver, comprender y concluir. Queremos “soluciones” inmediatas a todo lo que nos molesta o nos complica nuestro quehacer diario y esto influye en la manera que tenemos de tratar y de responder a los niños, pero sobretodo nuestro modo de tratar y sostener nuestra propia angustia, la que nos genera el no saber. Por lo tanto, el TDAH se manifiesta como un síntoma de nuestro tiempo, es decir, va ligado de la subjetividad de la época que nos ha tocado vivir, tanto a nosotros como a nuestros niños.
  1. Pero no solo influye la subjetividad del momento actual en la manifestación de este síntoma. No hay que perder de vista, y muchas veces desde algunas perspectivas psicológicas se olvida y pasa desapercibida, la subjetividad de cada sujeto, única e intransferible, por lo que no hay un TDAH igual para todos, sino que en cada sujeto se expresará diferente. El malestar con el que llamará la atención del Otro será único y particular, cada cual se aquejará a su manera, por mucho que aparentemente podamos observar algunos aspectos semejantes como la desatención, la dificultad para concentrarse o estarse quieto… Esto no nos debe engañar ni ocultar al sujeto que hay detrás de esa aparatosa, muchas veces, manifestación de los síntomas.
  1. Por último entonces, tanto padres, educadores como docentes no estamos por fuera ni somos ajenos a esta subjetividad de la época que comentamos, sino que nos atraviesa de lleno en todas las áreas de nuestra vida, y únicamente siendo conscientes de ello, estando advertidos de las implicaciones que todo esto puede conllevar, podremos responder de manera diferente ante cada sujeto teniendo en cuenta su particularidad, especificidad y no la “etiqueta” con la que también velozmente  nos atrevemos a marcarlos y a marcarles su destino.