Psicólogo adicciones Barcelona: La institución ayer

Una de las posibilidades cuando alguien pierde el control con el consumo de drogas es que decida ingresar en uno de los diversos dispositivos que existen para la desintoxicación, deshabituación y reinserción. Bien es cierto que éstos son significantes heredados de una época donde los tratamientos residenciales quedaban enmarcados en programas estructurados por fases de manera más o menos rígida. Eran tiempos, hablo de los años 80 y 90 donde el consumo de drogas estaba entre las primeras preocupaciones de los españoles. No era fácil encontrar una familia en la que no hubiese algún miembro toxicómano. La gente se moría de eso, bien por sobredosis, bien por el Sida. Existía una alarma social que cuajó en todos los estratos de la sociedad. Eso hizo que se pusieran en marcha múltiples campañas de prevención, así como programas de reducción de daño que ayudaron a desviar la tipología de consumo hacia formas supuestamente menos riesgosas.

Con este panorama, las comunidades terapéuticas aparecieron en escena, ofreciendo un marco de contención y límite al consumo. Salir del entorno e ingresar en un centro, suponía la única posibilidad para muchos drogadictos que se veían totalmente desbordados ante el empuje al consumo. El tratamiento estaba basado en torno al concepto de Comunidad (“La Comunidad cura”) y de programa. El tiempo era un elemento importante en este modelo de intervención ya que uno iba ganando derechos y obligaciones a medida que ascendía en las fases como un veterano que gana galones con la experiencia. La lógica era la siguiente: Comunidad, tiempo y responsabilidad.

 

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