Una primera cuestión a valorar, sería acerca del sentido o función que cumple el acto de “conectarse”. En algunos casos, podríamos sostener, no sin demasiadas dificultades epistemológicas, una lógica similar entre “conectarse” a internet y “colocarse” con una droga. No todos los jóvenes consumidores toman las mismas drogas, sino que se produce una elección, que no es cualquiera. En este sentido podríamos establecer una primera hipótesis acerca de dicha elección y la relación que el sujeto mantiene con la función del objeto de la adicción. Por ejemplo, si un joven sufre de fuertes inhibiciones cuando se encuentra en un contexto social, es más probable que encuentre una “solución” en el alcohol más que en otras sustancias. Lo mismo sucede con la adicción a internet y sus gadgets. Sabemos, por ejemplo, que no es lo mismo “conectarse” al Smartphone para entrar en redes sociales que hacerlo para jugar a juegos de rol. Si el primero puede resultar de una tentativa de procurarse el reconocimiento del otro, el segundo puede tratarse de un intento por hacer desaparecer la angustia construyéndose una nueva realidad. En ambos casos puede tratarse de una adicción, pero lo realmente importante es tratar de esclarecer qué se esconde tras esa conducta.  

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El móvil, supone la ventana de entrada a un mundo donde sólo tenía acceso la droga y el sexo, un mundo de entradas y salidas, de conexiones y desconexiones. El smartphone, no es uno más entre los objetos que la tecnología ha creado para hacer las veces de puerta de entrada al mundo virtual. Supone la inmediatez por excelencia y esta propiedad, junto a la de hacer “desconectar” al sujeto, es la que nos ha llevado a reflexionar acerca de la adicción, no de manera muy distinta a cómo pensaríamos una toxicomanía. Conviene aclarar que la adicción no está determinada por la frecuencia de uso ni por la cantidad de horas que uno se mantiene conectado al teléfono. El adicto no es el que quiere estar conectado todo el día al teléfono y lo hace, sino, por el contrario, es el que no quiere conectarse, pero no lo consigue. Los sustratos neurológicos y conductuales de la adicción a una droga son los mismos que subyacen en la adicción al móvil.  Podríamos encontrar los mismos síntomas que para cualquier otra adicción: síndrome de abstinencia, pérdida de control, problemas derivados del uso, tolerancia e interferencia en otros ámbitos de la vida. No obstante, al igual que no es lo mismo consumir drogas que ser toxicómano, no todos los jóvenes que usan o abusan de las nuevas tecnologías son adictos a ellas.

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