Siempre que hablamos de violencia o agresividad la pensamos dirigida hacia los demás (la heteroagresividad). Pero mejoraríamos muchas situaciones si empezáramos por reducir la propia agresividad de cada uno (la autoagresividad).

Podemos ayudar a reducir la violencia en las aulas convertiéndonos en un otro para los niños que no los deje librados a sus propias pulsiones (agresivas).

¿De qué pulsiones agresivas hablamos? Pues esta agresividad es inherente a la condición humana, la podemos encontrar p.ej. en muchos juegos infantiles, cuando los niños / as despedazan a una muñeca, en las crueldades con animales o insectos, o en las mordeduras de los más pequeños, o en los clásicos de la literatura donde esta agresividad se pone en lobos que comen abuelas, en los perseguidores y perseguidos.

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Por eso es tan importante la función adulta, que es tan necesaria como el alimento material, porque ampara a los niños de su propia agresividad, de las propias pulsiones que buscan satisfacerse con uno mismo o con otros.

¿Cómo los podemos ayudar? ¿Cómo lo llevamos a la práctica?

Pues depende de la situación: Haciendo acompañamiento de un chico que llora, con un abrazo, incluso pronunciando un NO bien firme, impidiendo un pasaje al acto, conteniendo una agitación, inventando o contando un relato, ofreciéndoles un testimonio nuestro. .. todo esto con el fin de intentar calmar, proteger, amparar a nuestros niños.

Podéis encontrar más información en psicólogo para la agresividad.

 

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