El consumo de drogas en la adolescencia puede deberse a  múltiples causas. Es importante que cada sujeto en tratamiento pueda saber más sobre la relación que mantiene con la sustancia.  No todos los jóvenes toman drogas para pasarlo bien, sabemos que muchos lo hacen para no pasarlo mal. En este sentido, es bastante frecuente que un chico se inicie en el consumo de drogas por experimentación, como una tentativa de separarse del Otro, o como un rasgo de identificación y de pertenencia a un grupo de iguales. En este sentido una primera cuestión a valorar es acerca del sentido de dicho consumo.

No todos los jóvenes consumidores toman las mismas drogas. Cada sustancia tiene efectos diferentes en el cuerpo y en la consciencia.  Sabemos que algunos jóvenes eligen una droga en concreto por encima de otras. Una elección que no es cualquiera. No es lo mismo consumir LSD, MDMA, porros o alcohol. En este sentido podríamos establecer una primera hipótesis acerca de dicha elección con la relación que el sujeto mantiene con la función del objeto droga. Dicho de otra manera, si un jóven sufre de fuertes inhibiciones cuando se encuentra en un contexto social, es más  probable que encuentre una “solución” con el alcohol más que con otras sustancias.

No es lo mismo consumir drogas que tener una adicción. Ni la frecuencia del consumo ni la cantidad de droga que se consume son criterios suficientes para determinar si estamos ante un caso de adicción. La mayoría de adolescentes que han consumido drogas dejan de hacerlo el día que lo deciden. Muchos, incluso, han podido abusar de ellas durante largo tiempo sin que esto haya supuesto un inconveniente para dejar de hacerlo cuando la voluntad la sido esa. La adicción es justamente eso que no cesa de repetirse desde el momento en que uno decide ponerle fin. Por tanto, es en el eje voluntad-repetición donde podemos encontrar las coordenadas para saber de qué hablamos cuando nos referimos a la adicción.

 

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