El malestar, las dificultades, el dolor, la tristeza, la angustia, la duda,… a raíz de las dificultades amorosas, de los fiascos sexuales, de los desencuentros de pareja, siguen siendo la razón de que muchos sujetos pidan ayuda. Ofertas de soluciones no faltan.

Vamos a reflexionar entonces sobre la especificidad de la oferta del psicoanálisis al sujeto.

Si algo puede aportar un psicoanálisis no son nuevas maneras de gozar sexualmente,  sino distintas maneras de anudar el sexo al goce y al amor, dado que el lazo neurótico inevitablemente los plantea en el sujeto en franca disyunción, cuando no en oposición. Se ama a una, y se tiene sexo con otras, se ama a una, pero se sueña con todas, se ama a un hombre, pero se le elije por ser “mujeriego” y con ello se sufre,  se quiere vivir acorde con nuestro tiempo, con sus ofertas de “libertinaje digital”, pero en la promiscuidad el amor sufre y el deseo  se agota, y así un sinfín de dificultades,  donde nuevas costumbres y nuevos medios se anudan con antiguas dificultades: deseo, fidelidad, multiplicidad de objetos versus aspiración al amor único, …

El psicoanálisis nos ha enseñado que esas dificultades son efectos del rechazo de la falta, y por tanto de la necesidad de creer en la existencia  de la razón sexual. De ahí la multiplicidad de ofertas que prometen soluciones que implican una realización idealizante de la relación sexual “plena”, o aquellas que prescriben prácticas del esfuerzo y el control,  ambas cargan sobre las espaldas de los amantes pesados fardos.

Si bien es cierto que cada sujeto se normaliza en su rol sexual a través del Edipo, que debe permitirle alinearse en una posición, sin embargo, para que no sucumba ni a los ideales ni a las exigencias superyoicas con los que cada época constriñe a los amantes, deberá asumirlo bajo un modo que necesariamente implique una cierta invención particular en cada sujeto y en cada relación. Es el sinthoma el que debe permitir al sujeto masculino tomar a su pareja como representante del Otro sexo en su radical alteridad, y al sujeto en posición femenina tomar un lugar en el deseo de un hombre, (no de “el hombre”), sin enajenarse.

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Quizás así  la dificultad insoslayable de las relaciones entre los dos sexos se pueda tomar como objeto “de una aventura”,  y no tanto como una “mal(e)dicción frente a fatal destino”, y sin recurrir a las ayudas bioquímicas, a los efectos de la cirugía o las gimnásticas del autocontrol.

Trabajaremos a partir de casos clínicos, de testimonios de análisis y de los seminarios de Lacan, especialmente XIX y XX

El seminario quincenal se hará los Jueves a las 20,30 de Oct a Mayo. La inscripción es gratuita, pero debe solicitarse enviando un email a josep.monseny@gmail.com antes del 6 de Octubre poniendo en Asunto: ADG. Nudo Seminario.

Josep Monseny

 

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