Determinar las causas de la adicción no es tarea fácil. Sabemos que son muchas las dificultades a la hora de separar aquello que concierne a lo biológico de lo propiamente ambiental. Este es el eterno debate de la ciencia. ¿Es entonces una cuestión de porcentaje? ¿Determinación o predisposición? En este sentido la adicción no es muy diferente a otras patologías de la Salud Mental.

 

La fantasía de dar con el gen responsable de la adicción, para prevenir la enfermedad, es la ilusión de la ciencia, que pierde de vista que no todo pasa por una vacuna, una pastilla o una intervención quirúrgica. Desde el mismo momento que una persona entra en el lenguaje su relación con el mundo estará siempre ya condicionada por la marca de la palabra. Los humanos se comunican a través de significantes, los cuales permiten tejer significaciones y propiciar sentido acerca de aquello que les concierne como sujetos.

 

Al igual que resulta imposible prevenir la adicción desde el punto de vista biológico, también lo es desde la educación. Son muchos los padres que llegan a nuestras consultas con el interrogante acerca de cómo uno de sus hijos sufre una toxicomanía y el otro, en cambio, es alguien que mantiene una vida estructurada y saludable. En muchos de estos casos, los hijos se han criado en el mismo entorno, han ido a la misma escuela y han sido educados bajo los mismos principios. En cambio, cada uno de ellos se ha construido una representación de la realidad fruto de su relación con el lenguaje. Este mecanismo explica otras muchas cuestiones, pero también nos sirve para orientar un tipo de toxicomanía que responde a lo que podríamos denominar como el efecto del significante.

 

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