Cuando un paciente acude a un psicoanalista, lo hace, por lo general, empujado por el malestar que causa su síntoma. Pero esto no tiene que confundirnos en el sentido de pensar al síntoma como un llamado al otro, como en el caso del acting out. Más bien el síntoma, por el contrario, hay que pensarlo bajo la lógica del goce, es decir, encerrado sobre sí mismo y produciendo una satisfacción. Para el psicoanálisis se trataría de una concepción muy diferente a la de la medicina, que nos enseña que un síntoma es un signo de patología. Si bien, el psicoanalisis, no niega el sufrimiento del síntoma, a la vez, lo coloca en el lugar de una fijación de goce que cumple un función para el sujeto. El goce conlleva sufrimiento, en la medida que se sitúa por fuera de los límites del placer, “estar bien en el mal”, dirá Lacan en los Escritos. Entonces, afirmar que el síntoma es goce, es decir gozar en el dolor. Algo de esto ha calado en lo social y con frecuencia escuchamos como alguien dice: “en el fondo te gusta”, después de quejarse de algo que le hace sufrir, o en la clínica, cuando vemos cómo un paciente se resiste a salir de la repetición, por más que pueda estar padeciendo.

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Para Freud, el síntoma tenía la dimensión de una sustitución de la relación sexual, pero en tanto que pulsional. A su vez, en Freud, también encontramos los síntomas propios de la sexualidad: frigidez, impotencia… En cualquier caso, estos síntomas son obstáculos al principio del placer. Sobre esta base, Lacan, tiempo después teorizó acerca de la no relación sexual.

La dimensión de goce del síntoma, no puede pensarse sin su relación con el inconsciente. Freud, en el Hombre de las Ratas, dijo del síntoma, que era eso “Que se ignora” y Lacan lo pensó desde su teoría del inconsciente lenguaje, aunque sin olvidar su relación con lo sexual, para encontrar esta doble dimensión del síntoma sólo hay que acercarse a La instancia de la letra.

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