Todo es adquisición, adquisiciones psíquicas, del corazón, del espíritu, de la inteligencia… durante el crecimiento físico que es enormemente rápido hasta los tres años. Pero todo esto no se ve, no puede todo someterse a los tests. Con lo que se le da, el niño saca el mejor partido posible de su naturaleza propia. Se va acomodando. Todo lo que percibe de aquellos de quienes depende su vida, desde el embarazo hasta los seis o los ochos años, se liga a su ser lleno de deseos y se organiza como lenguaje, que al principio es mudo. Sus gritos, sus emisiones vocales, sus llantos, sus sonrisas son expresiones naturales que van a convertirse, a causa de la persona que lo amamanta y lo cuida, en lenguaje por el cual el niño significa armonía y desarmonía interiores, encuentro con otro que responde, complicidad o no con ese otro. Una red sutil de comunicación se teje tanto en la vigilia como en el sueño, tanto en las tensiones de su deseo de intercambios como en el reposo, se crea una red de comunicación que lo informa de lo bueno y lo malo, del bien y del mal, de lo bello y de lo feo, de lo permitido y lo prohibido. El niño busca lo que le aporta placer y evita el displacer. Por supuesto todo esto es inconsciente y se realiza en respuesta a lo que satisface, disgusta o deja indiferentes a quienes lo crían y a quienes el niño está ligado.

PSICÓLOGO INFANTIL BARCELONA
Todo se ordena en la relación del niño con la madre, en su apego precoz con ella y a través de la madre, en su relación consigo mismo y con los demás. Verdaderamente es imposible dar normas de lo que un niño debe adquirir y es imposible juzgar por lo que hace o no hace a una determinada edad.
En cambio podemos decir que el desarrollo de un niño se cumple como es debido y del mejor modo posible según su naturaleza desde el comienzo de la vida, cuando se siente amado por padres que se aman entre sí y cuando siente alegría en el ambiente. Puedo decir que un niño siente seguridad cuando no se le impone lo que no tiene ganas de hacer, lo cual no significa que haya que hacer todo lo que él parece querer, ni darle todo lo que pide.
Y en referencia a los padres, es preciso que el padre y la madre continúen viviendo y haciendo lo que deben hacer para que su vida tenga un sentido. Desde luego que los padres disponen de menos libertad cuando tienen un bebé, hay que ceñirse a unos horarios y rutinas, pero toda la vida de los padres no debe concentrarse en el hijo, ni debe estar obnubilada por éste. El bebé puede participar en los desplazamientos de los padres y estar al alcance de la voz cuando ellos están ocupados o reciben amigos en casa.

Puede leer más en psicología infantil y en terapia para padres

Psicólogos Barcelona

Psicòlegs Barcelona