Ser padres

LO QUE ES NORMAL Y LO QUE NO LO ES

¿Hay algo que pueda considerarse normal o anormal en las adquisiciones de un niño pequeño?
Cuántos padres nos piden que les digamos con detalle cuáles son las adquisiciones que debe hacer su hijo en su primer año de vida. Algunos de ellos incluso apuntan minuciosamente en una libreta, como si de un informe de psicología se tratase, cuándo le salió el primer incisivo, cuándo hizo esto o aquello…
Nosotros siempre decimos que hay que ir con cuidado con las observaciones y juicios constantes que hacemos, porque la criatura se convierte más en una cosa a medir que en una persona.
Queremos decir con esto que un bebé, desde su nacimiento (y aun antes), es un ser sensible a lo que percibe del inconsciente de aquellos que viven con él o están en su proximidad. Es decir, el ser humano es un ser de lenguaje, de comunicación, un ser sensible a todo lo que percibe de los demás: su humor, su olor, sus ritmos motores, su voz… Es sensible a si los demás experimentan amor o indiferencia por él, es sensible al lugar que le dan, al respeto que tienen por su vida y por lo que él expresa. Si se lo trata como un objeto, como un tubo digestivo al que hay que llenar y no como a un ser humano que ama y al que se le ama, el niño se convierte, a medida que va creciendo, en un autómata que funciona cuando su amo se lo ordena. El recién nacido es ya un sujeto humano que tiene deseos y no sólo necesidades. No es un “bebé”, sino que tiene un apellido que lo liga a una familia, un nombre de pila que han elegido para él, que es el suyo y alrededor del cual gira toda su vida de relación con los padres y los allegados, partícipes o no de sus alegrías y de sus penas. Y el niño tiene la intuición (si aún no tiene la inteligencia consciente) del verdadero sentido de la relación de los otros con él, sobre todo en lo tocante a la madre, al padre, a sus cuidadores, de quienes depende su vida. Todo eso se graba en su ser y lo marca con el lenguaje.
el displacer. Por supuesto todo esto es inconsciente y se realiza en respuesta a lo que satisface, disgusta o deja indiferentes a quienes lo crían y a quienes el niño está ligado.
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